sábado, junio 13, 2009
sábado, septiembre 27, 2008
viernes, agosto 01, 2008
martes, junio 17, 2008
lunes, junio 09, 2008
miércoles, junio 04, 2008
viernes, mayo 23, 2008
lunes, abril 14, 2008
viernes, octubre 26, 2007
Destino
Destino.
El destino ya lo había dicho, tenías el derecho a equivocarte, encontrarías todas las respuestas envueltas en tus propios errores.
Todos los secretos que encerrabas en círculos concéntricos de desconfianza, eran ya, tertulia de barra de bar, palabras con sabor a café y tacto de papel de periódico.
Te sentías incómodo en un traje de traición que te venía estrecho, notabas como te costaba respirar, como si todo el aire a tu alrededor se hubiese convertido en un gas que no alimentase tus pulmones, un fluido con el aroma acre y ácido de la confianza quemada.
Notabas como un fuego te consumía desde el interior pero tus manos estaban heladas como muertas. Muertas en vida e inútiles para calmar aquel ardor, la rabia arde muy bien.
Aquellas risas crueles venían una y otra vez a tu cabeza, pisandote los talones durante el día y por la noche era peor. Las estrellas titilaban en lo alto recordándote que, a pesar de que millones de vidas os separaban, eran conscientes de tus pecados.
El hado terrible que marcaba tus idas y venidas te daba los buenos días.
Culpa en el desayuno, dificil de tragar. Humillación para almorzar, la digestión será muy pesada. No quieres caldo y serán tres tazas.
Por la tarde notabas la mala voluntad horadando tu nuca, ahogando tus palabras, daba igual que te enterrases en el más profundo pozo que pudieses encontrar, al final acababa por encontrar la manera de dar contigo, seguía el rastro del hedor de tu respiración contaminada. Eras tu propio delator.
Al fin, decidiste que huir de tí mismo no de volvería, sino, al principio y, aquel, sería tu final.
...
martes, junio 05, 2007
Y aquí me tienes...

Y aquí me tienes…
Y aquí me tienes, olvidado por el mundo que tanto quise conocer.
La tierra me cubrió hace años ya, las raíces de los árboles crecieron a mi alrededor.
Si sólo pudiera ver la vista desde aquí, tan sólo una vez, vería amaneceres sobrecogedores, vería el viento cuando trae las nubes sobre las montañas, vería, si el día fuera claro, el mar como un hilo azul y verde en el horizonte…
jueves, mayo 24, 2007
Cierra los ojos y dime qué ves.
Cierra los ojos y dime qué ves. La única luz que llega a ti es la de un faro en el fin del mundo, tus ojos ven un cielo como una cortina negra agujereada con el sol tras ella. Cierras los ojos y te ves observado por unos ojos que no son como los tuyos, son unos ojos limpios y brillantes que te miran y saben de ti.
En la esquina de tu calle no podías estar más lejos en el mundo, es de noche y la luz de los carteles luminosos no te deja ver las estrellas. Cierras los ojos y te ves dónde acaban los días, a los pies de un cíclope que, como tú, espera entre dos mundos.
viernes, febrero 23, 2007
La naturaleza del escorpión.
La naturaleza del escorpión.
No puedes evitarlo, has nacido con ello, lo llevas en la sangre.
Confiabas tanto en la razón que creías que siempre se impondría, pero no, nunca, ni de lejos.
Luchar contra ti mismo siempre acabará en derrota, gane quien gane, tú siempre perderás.
Hasta niegas la vista de tus ojos, pero es inútil, la realidad te abofetea una y otra vez. Te ves como eres y no como quisieras ser.
Buscas dentro y no hay nada, eres una bolsa vacía, llena de nada.
Una y otra vez el escorpión se hunde en el río al picar a la rana que lo lleva sobre sus espaldas hacia la otra orilla, se traiciona a sí mismo.
Tú tampoco puedes evitar perder al traicionar a los demás, es tu naturaleza, la naturaleza del escorpión.
miércoles, febrero 21, 2007
Un río como un océano.
Un río como un océano, grande como un mundo.
Desde el fondo, tus ojos, manantial profundo.
Las lágrimas manan, brotan para viajar sin rumbo.
No eres página pagada sino libro libre.
No eres voz apagada sino grito al aire.
No eres presa de la letra impresa sino dueña de la palabra que fluye.
Un mundo como un río, fluyendo hacia el océano.
lunes, febrero 12, 2007
Gracias por pasar.
Gracias por pasar.
Todo sigue igual, sino peor. Es lo que tiene la edad.
Me agarro a lo que me queda, que no es mucho ya, pero un único hilo de ilusión es mucho más de lo que tendré mañana.
Vigilo mis palabras, intento no malgastarlas, procuro que sean ajustadas a mis ideas, meditadas, rumiadas antes de ser liberadas. Puede que sean las últimas que pronuncie, he de ser cuidadoso.
Los años han ido manchando mis ojos con toda la suciedad de este mundo, pero ahora veo mejor que nunca. Puedo ver cosas tan pequeñas que me resultaban invisibles cuando joven.
No, hijo, no tengo las respuestas a tus preguntas, ni tan siquiera a las mías. Puede que las haya estado buscando en los sitios equivocados, puede que no existan, puede que no merezca conocerlas.
No quieras saber tanto, tan deprisa. Yo te entregaré mis mapas cuando no los necesite, pero has de navegar tu solo hasta tus propias islas, descubrir mares nuevos, como yo lo hice.
Vuelve cuando quieras, pero no te aseguro que siga aquí, ya no tengo edad para esperar nada ni a nadie.
Saluda a tus padres de mi parte, sé que no tienen mucho tiempo para mí, pero, créeme, yo todavía creo en ellos.
Ahora vete, que seguro que tienes algo mejor que hacer. Alguna chica habrá, amigos, un libro, el canal de deportes. No siempre he sido viejo, ¿sabes?
Cuídate mucho, hasta pronto, ¿quién sabe?
viernes, enero 12, 2007
Sei que ela está a chamar por mín.
Sei que ela está a chamar por mín, dinmo as augas nas que me reflicto cando a estou a buscar.
Lume que baila entre as ondas, ardentía na noite, vento que zoa na carballeira os días de treboada, soliño que me agarima cando estou á raxeira.
Ela xa non está lonxe, seino polo arrecendo dos campos que vou cruzando. Cada día máis doce, cada vez máis salgado.
O día que nos volvamos a atopar está a piques de chegar, xa podo oi-lo riso das gavotas a anunciarche a miña chegada, silenciando co seu balbordo o son dos meus pasos nas vellas pedras molladas da rúa.
miércoles, enero 03, 2007
Tic Tac
Sabias que no te quedaba mucho tiempo y no querías desaprovecharlo rescatando de la memoria recuerdos que sólo te harían más difícil el paso, el dejarte llevar.
Intentabas mantener los ojos bien abiertos y buscabas desesperadamente una parcela de belleza en la que fijar tu mirada entre todo aquel horror de humo, hedor y sangre.
La búsqueda fue inútil y continuamente volvían a tu mente imágenes de otros tiempos menos violentos en los que te creías ajeno al dolor, en los que creías que tu tiempo no se acabaría.
Fotogramas sueltos de tu vida, llovían en tus ojos ya cerrados, cansados de ver el mundo. Esbozos de sueños sin cumplir, perfiles de siluetas que ya no reconocerías, el sabor salado del mar y sus lágrimas en la sangre que cegaba tu boca…
jueves, septiembre 07, 2006
Based on actual events.

Based on actual events
Ella suspiró y, por un instante, pareció dudar.
-Te quiero tanto…
Él la miró a los ojos y sintió que las palabras querían salir.
-Y yo también a ti…
Aquellas inocentes y sinceras palabras encerraban un mundo todavía por venir y liberaban, a un tiempo, un pasado de secretos silenciados.
Unos dedos femeninos acariciaron entonces su rostro deteniéndose en aquellos labios que tanto deseaban besarla para, así, provocar que aquel instante fuera eterno.
sábado, agosto 19, 2006
LLamas de odio y rencor.
La herencia de los tiempos y la constancia, el sustento de la vida más salvaje, la historia, el paisaje y una gran parte de todos nosotros se esfumarán si tu plan resulta exitoso.
Ha llegado tu hora, la venganza se va a servir ardiendo. Todos van a sentir el sufrimiento de la impotencia, la agonía de la desesperación. Ahora es tu turno, tu hora ha llegado.
Los rojos y anaranjados del anochecer se perpetúan durante toda la noche, la procesión de las llamas recorres los montes.
Amanece y algunos aún no han vuelto a casa de la batalla, se niegan a ser relevados, hay mucho en juego.
Te asomas a la ventana y ves, a lo lejos, el humo de tu justicia que se eleva hacia un cielo que nunca te había escuchado.
El la calle la actividad es frenética, sirenas que aúllan anuncian la urgencia del amanecer, los aviones pronto aparecerán entre el humo.
Nieva fuera y la nieve se vuelve negra al tocarla, nadie llora, más lágrimas no harán más salada la mar.
jueves, julio 27, 2006
La traición de las palabras.
El futuro, los planes, viajaban por el aire. La esperanza, las promesas, volaban huidizas.
El viento, que aviva el fuego, estaba apagando los restos de aquella pequeña llama.
Nunca dos palabras habían dicho tanto, nunca un beso había dejado una cicatriz como aquella.
Yo no soy aquel al que tu llamas y esperas, tus suspiros no son para mi, los mares que ves en mis ojos no los navego yo.
Todo lo dicho lo ha retorcido el viento entre tus labios y mis oídos, rasgándolo, dándole la vuelta de dentro a fuera.
Sordos zumbidos del horizonte anulan tus palabras, les restan significado, las vacían de toda verdad. Vomitas grandes baúles llenos de aire robado al viento.
Paso a paso, en silencio, te dejo atrás, herido y, sin tan siquiera un susurro de mis labios, maldigo el aire malgastado de tus palabras que a los dos traicionaron.
jueves, junio 22, 2006
1000 vidas.
Quisiera vivir mil vidas y encontrarte en todas ellas.
Reflejarme en tus miradas multicolores, conocer todos tus nombres.
Escuchar todos tus sueños y compartir contigo los míos.
Quisiera perderte mil veces y seguir esperando a que vuelvas.
Recordar todos tus gestos, secar cada una de tus lágrimas.
Escuchar el eco en el vacío y seguir soñando contigo.
Trascendiendo lo prosaico.
Más allá de todo entendimiento, dejando atrás la razón, muy por encima de la esencia se comienza a notar tu presencia.
Sublime como nadie más, te elevas sobre la vulgaridad, rozando la eternidad.
Siendo como eres consciente de nuestras profundas carencias, hay días en los que, generosa y desprendida como siempre, te acercas a lo común y ordinario y lo iluminas con tan sólo una palabra de sabiduría.
La inspiración navega con las velas henchidas de tus susurros, las sombras huyen de la luz de tu mirada, cada uno de tus pasos reverdece pensamientos y florece ideas a cada lado de tu camino.
Llévame de la mano, déjame sentir el tacto de la eternidad, rescátame de lo prosaico y la mediocridad.
…
miércoles, junio 07, 2006
Tiempo y memoria.

Tiempo y memoria.
El tiempo ha pasado arrasando con la memoria y me he quedado con lo puesto.
El viento ha silbado la distancia entre mi espera y tus besos.
Tu rostro es borroso, mis ojos acuosos.
Nada más que decir, todas las palabras han dejado ya tus labios.
Las cenizas de mi casa, mi pueblo en llamas.
Pasos que escapan del humo que todo lo rodea, tu recuerdo calcinado.
El fuego se pone en el horizonte y yo sigo trazando mi propio camino de huellas.
jueves, mayo 18, 2006
Turbodiesel.
Como si de un sueño se tratase, me desperté y debí no haberlo hecho. El pecho me ardía al respirar, tenía la vista nublada y lo veía todo borroso. ¿Cuánto tiempo habría pasado?
El airbag al hincharse me había dejado unas pequeñas quemaduras en los antebrazos y el cinturón de seguridad debía haberme provocado también una quemadura por fricción o puede que sólo fuesen un par de costillas rotas.
Estaba intentando aclarar mis ideas cuando reparé en que ella no me respondía.
- ¿Estás bien?, dime si estás bien …, ¡contesta!
Estaba oscuro y yo todavía no conseguía enfocar correctamente pero estaba claro que ella estaba viva. Se movía o al menos eso parecía y balbuceaba algo que yo no llegaba a entender, pero entonces, ¿por qué no me contestaba?
Por fin, logré deshacerme del cinturón que, ahora, me atrapaba y conseguí abrir la puerta que, aplastada y deformada como estaba, se resistía a permitirme abandonar aquella jaula retorcida de metal, plástico y cristales rotos. La puerta del lado del acompañante no dio problemas y abrió a la primera. Algo no iba bien, mi hombro izquierdo lanzaba puñaladas que entrecortaban aún más mi respiración.
Me las arreglé para sacarla de lo que un día fue un buen automóvil con un sólo brazo útil y alejarla varios metros del siniestro.
Estaba tumbada en el asfalto sobre su costado izquierdo, tenía pulso pero estaba inconsciente y respiraba con mucha dificultad.
- Vamos niña, ya verás como te pones bien. Voy un momento a buscar el teléfono, no te preocupes…
Pasé una mano por su cara para inútilmente intentar limpiarla de la sangre reseca de los cortes con los fragmentos del cristal del parabrisas. Tenía los ojos cerrados y, a pesar de todo, parecía tranquila, parecía estar simplemente durmiendo. Estaba tan bella como siempre, como el día que la conocí, hace ya algún tiempo.
- Vuelvo ahora, no te vayas sin mí. Bromeé.
A pesar de que mis ojos se habían acostumbrado ya a la oscuridad, en aquella carretera solitaria la noche ya reinaba y el puto móvil jugaba al escondite conmigo.
Tardé un par de minutos en ganarle la partida al dichoso aparatito y algunos minutos más en marcar el 112 y solicitar ayuda.
Cuando estaba buscando aquel pequeño bote salvavidas electrónico vi una cazadora que yo solía llevar en el maletero. El operador del 112 me dijo que tardarían una media hora en llegar hasta nosotros y ella tendría frío, la cazadora no haría mucho pero es todo lo que llevaba aquel día.
Desde el coche ella se me antojaba dormida. Una mano bajo la mejilla y una pierna flexionada, con su pelo lacio cayéndole sobre la cara y un pie descalzo, casi parecía sonreír. Como solía estar cuando se quedaba dormida en el sofá, viendo cualquier cosa en la tele, un domingo por la tarde.
- Ya está, ya vienen para aquí. Te he traído mi cazadora.
Ella no contestó aquella noche y ya sólo lo hará en mis sueños y pesadillas.
Finalmente ella se fue sin mí, con un pie descalzo y una sonrisa amaneciendo en su boca. A veces, cuando conduzco de noche, los faros de los coches con los que me cruzo se vuelven del color de tus ojos que me llaman. A veces.
Quizá un día, trace otra vez una recta sobre una curva y, con un pié descalzo y una sonrisa en mi cara, me quede de nuevo dormido contigo en el sofá, viendo cualquier cosa en la tele, un domingo por la tarde.
viernes, mayo 12, 2006
The World is not enough.

The World is not enough.
Ni en este mundo ni en el otro conseguirás esconderte a los ojos de mi venganza.
Ni todo el tiempo del mundo conseguirá alejarme de mi objetivo, estaré un paso por detrás de ti.
Te daré caza, los océanos se volverán charcas y los continentes, tablero de juego. Vivirás en silencio y podré oír tu respiración, te refugiarás en la noche en la que podré oler tu miedo.
El precio de tu pasado yo me lo cobraré por ella, la sangre pagará la sangre. Estoy decidido, mis pasos son firmes, todo el dolor y el sufrimiento te serán devueltos, pagarás la cuenta como yo, algún día, saldaré la mía.
viernes, mayo 05, 2006
Ella en el banco.
El sol estaba ya cerca del horizonte y la luz era dorada y cálida. Algunos rayos se colaban entre sus dedos mientras ella jugueteaba con su brazo extendido hacia el horizonte.
¿Qué he de hacer ahora?
Sola, sentada en un banco de un parque, perdida en una ciudad, se imaginaba las palabras que nadie le había dicho y las respuestas que ella no debía haber dado.
¿Y si me arriesgo?, ¿y si fracaso?
Recortados contra un crepúsculo de fuego rojo y nubes de acuarela, unos cuantos pájaros se apresuraban a cobijarse antes de que la noche bajase su persiana. Volaban alto, pero querían llegar a mañana.
¿Estaré equivocada?, ¿como reharé lo deshecho?
El día moría e una mancha incandescente y ella decidió dejar todas las preguntas para otro momento, aprovechar aquel instante entre hoy y mañana, disfrutar al ver pasar el tiempo y, apagarse, entre sus juguetones dedos...
miércoles, mayo 03, 2006
Quererte me duele tanto (2).
Hoy te he encontrado y no supe qué decir, el café se me hizo corto y el tiempo se quiso detener.
Todos los días que nos han separado se quemaron en el fuego de una mirada, las llamas de siempre, el verde espejo en el que quisiera ver reflejados todos mis amaneceres.
Saber de ti, conocer tu día a día, compartir tus orgullos, esconder tus secretos, sufrir contigo las alegrías del vivir. Todo ello quisiera dividir entre los dos, para, así, regar mis lágrimas de arena con las verdes aguas que inundan tus ojos.
Hoy, que te visto y me has cegado, te echo de menos.
Lágrimas de arena.
Mis ojos, cansados ya de verte derramar el océano de tu mirar en el país de los mil ríos, lloran hoy lágrimas de arena por la muñeca de porcelana rota que ayer me volvió a atropellar el alma.
Eres, a un tiempo, tan distinta y tan igual. Sigues siendo la misma que me reconfortaba tanto como atemorizaba nuestras noches y tus ausencias.
Vuelves ahora, cansada y desmadejada, a filtrarte en mi vida, sobrevolando todos los muros que levanté por ti, la tierra quemada que, hasta ahora, nos separaba.
Los días de las cerezas ya no volverán, tus labios ya no pronunciarán mi nombre como antes pero el rayo verde de tu misterio sigue vivo en los cajones de mi memoria.
viernes, abril 28, 2006
La vida tiene una deuda contigo.
Ni en los sueños más salvajes había visto yo un verde como aquel. Esmeraldas como puños, rompían con sus olas los diques de mi razón.
Tuvieron que pasar años para empezar a asomarme al pozo de tu secreto, tu pasado se me reveló en el futuro. Ahora conozco la magia que hacía arder tu mirada.
Una juventud apasionada y rebelde, atizada con el orgullo y el descaro, te llevó, llena de ilusiones, a sus brazos.
Le diste hijos sin perder tu frescura, tus manos trabajaban para hijos y marido, cegada de amor por aquel hombre que había sido el primero en fijarse en la niña, que te negabas a dejar de ser.
Pasaron los años y en el reflejo de sus ojos ya no veías los tuyos y, con todo, seguías dándote y regalándote. Tu casa, tu familia, tu trabajo, tu universo en el mundo.
Más de uno juró en secreto sacarte de aquella prisión de barrotes de falsas sonrisas, contarte la verdad, abrir tus ventanas. Hubiera dolido menos.
El hombre que te había quitado el uniforme de la escuela, el que te había dicho palabras tan dulces que todavía te tiemblan las rodillas al recordarlas, aquel hombre que te regalaba la mejor sonrisa que jamás había sido dibujada. Aquel hombre era una calle de doble sentido y única dirección por la que tu viajabas de noche, a ciegas, sin ver las luces de los coches con los que te cruzabas.
Un día despertaste del sueño, con un millón de agujas atravesándote el corazón, puedo explicarlo cariño, no dejes que esto estropee lo nuestro. Dos pares de ojos verdes como los tuyos navegando entre lágrimas preguntándote por qué papá no se va con vosotros, cuatro maletas y los juguetes del más pequeño, apenas queda sitio en el coche, los abuelos esperan niños, despedíos ya.
Al principio fue muy duro, los recuerdos abordaban tus noches y cada pequeño detalle que te recordaba lo bueno perdido y la traición encontrada, hacía que, por un momento, tus ojos pareciesen querer licuarse.
Los años han pasado, no muchos, sigues siendo joven y la esperanza ha vuelto a construir un nido en tu vida. En todo este tiempo has vuelto a ver muchas sonrisas, de todos los tipos, sinceras y agradecidas, amistosas y fraternales, sugerentes y pícaras, inocentes y distraídas, pero también falsas y traicioneras, interesadas y fingidas. El pasado te había enseñado bien, nunca lo olvidarás. Tu apariencia exterior es la de siempre, tus ojos un poco más claros, más bella quizás, pero en tu interior has envejecido siglos en tan sólo un par de años.
La vida tiene una deuda contigo y has decidido que se la vas a cobrar, hace tiempo que aquel chico te quiere invitar a cenar. Puede que la próxima vez le digas que sí.
martes, abril 18, 2006
Viento, vasos, bares, besos...

Viento, vasos, bares, besos…
El viento había vencido al paraguas dos calles más abajo y dormía éste ya el sueño de los justos en una papelera.
Corrías como un ratón en una habitación vacía, los pies menudos volaban y aquel cuerpecillo parecía querer fundirse contra las paredes de las casas a medida que cruzaba la calle camino del bar, huyendo de la lluvia.
Yo salía a la calle con la mirada tan turbia como el cielo gris que se vaciaba sobre nosotros mientras observaba como tú y yo nos encontrábamos por primera vez.
Tenías el pelo empapado sobre la cara pero aún así pude ver como tus ojos me seguían cuando te alejabas. Mitad asustada, mitad cautivada por aquel tipo tan gris que clavaba sus ojos en ti.
Cerré los ojos, di media vuelta, y cuando los volví a abrir, la niebla había vuelto a cubrirme y la barra me esperaba dónde la había dejado, fiel y tentadora.
Tu nombre me era desconocido y tu sonrisa permanecía oculta. Habías sido sólo un rostro más en el mar de la ciudad bajo la lluvia, la ciudad que me ahogaba desde dentro, vaso tras vaso.
Hoy recuerdo el día en el que nuestras vidas se vieron por un instante reflejadas en nuestros ojos y se alejaron sin despedirse, hoy maldigo los vasos que secuestraron tus besos…
miércoles, abril 12, 2006
My own private psycho.
My own private psycho. (Blackmail me)
Yo también quiero recibir amenazas y ser chantajeado, que me sigan y me espíen, que piensen en mí a todas horas.
Quiero que se ocupen los oscuros rincones de las siniestras calles por las que paseo en las noches que busco quien me persiga, quiero ver brillar el diente de oro.
Anónimos o con seudónimo, tus notas en el buzón, tus comentarios amenazantes.
Lengua afilada por la envidia y templada por el tiempo y el rencor.
Ser querido y odiado a un mismo tiempo, deseado y vilipendiado por victima y ejecutor.
Las pupilas de los ojos negros del lobo de la noche del tiempo de la guerra se han de fijar en mí.
Quiero sentir el miedo de sentir miradas en mi nuca, el vello erizado, el filo de la navaja surcando la comisura de los labios, agrandando la sonrisa que te había negado tanto tiempo.
martes, marzo 21, 2006
Nieve en primavera.
Nieve en primavera.Tan cerca de mí que podría rozarte con las yemas de mis dedos, tan lejos en tu corazón que apenas recuerdas que solías llenar el mío.
Te veo al pasar y sólo cruzamos ya sonrisas tímidas y miradas furtivas. No estamos solos, el mundo desea traicionar nuestros secretos de viejos abrazos compartidos y la noche envidia tu sonrisa de media luna que tantas veces creí que brillaba para mí.
Tu elección ya estaba hecha mucho antes de que el fuego de tu mirada arrasara mi mundo, la promesa eterna había sido grabada en metal, mi partida eran castillos de arena junto a la mar y estaba perdida antes de comenzar.
El tiempo y tu silencio cómplice alimentaron la esperanza a escondidas de la experiencia y abrieron la puerta a campos de soles que amanecían en mis ventanas, cerradas ahora y con los vientos de tu desaire aullando sobre los yermos páramos que sólo pisan mis pies.
Los campos gritan primavera y nieva sobre mi cabeza, la vida brota y fluye por doquier y el invierno se niega a morir en mí.
viernes, marzo 17, 2006
miércoles, marzo 15, 2006
Kill Bill

- Biiip, biiip,..., biiip, biiip,...
- ¿Diga?
- Hola Trabancos, ¿no sabes quién soy?
- ¡Ah!, hola tío, es que estoy conduciendo y voy con el manos libres, ¿qué tal?, ¿por dónde andas?
- Pues ahora mismo estoy en casa, acabo de llegar del trabajo y te llamaba para saber si te animabas a tomar unas cañas o algo...
- Uff, pues difícil lo veo, porque aún estoy perdido en algún lugar entre Ourense y Pontevedra y mañana tengo turno de mañana...
- ¿Pero qué se te habrá perdido a ti por ahí?, ¿no me digas que?...
- Si, si, ya lo se, no hace falta que me digas nada.
- La vas a ver, la vas a ver..., chaval, estás como una cabra, lo tuyo ya no tiene nombre, ¿te has parado a pensar que se va a casar con otro?
- Calla, no me lo recuerdes. Cambiemos de tema, ¿quieres?
- No, no quiero. Somos amigos, ¿no? Y no me gusta verte obsesionado con una tía que pasa olímpicamente de ti.
- No pasa de mí, somos amigos. Punto.
- No, vosotros no sois amigos. Tú estás loco por ella y ella se deja querer. Te utiliza para subir su autoestima y aprovechar el tiempo antes de la boda...
- Sabes bien que eso no es cierto...
- ¡Anda que no!, y lo peor de todo es que se te va a ir la olla y vas a plantarte el día de la boda en la iglesia como en Kill Bill y la vas a armar muy gorda, que te conozco...
- Ja, ja, ja, a ti si que se te va la olla, lo que pasa es que estás celoso...
- Anda y que te den Trabancos, eres un calzonazos y un mierdas, que lo sepas. ¿Mañana a qué hora sales de currar?
- A las tres, ¿por qué?
- Porque espero por ti y nos vamos a comer por ahí, ¿hace?
- ¡Hace!
- Pues dame un toque en cuanto salgas.
- Ok, nos vemos mañana entonces.
- Hasta mañana y acuérdate de Kill Bill...
- ¡Vete a la mierda!
- Ja, ja, ja...
jueves, marzo 09, 2006
Tengo pruebas.

No me preguntes cómo, pero el caso es que han llegado a mi poder pruebas irrefutables que confirman mis sospechas de que Encarnita Polo y Pepe Rubio son la misma persona. Si, si, la misma persona en carne mortal. Y eso no es todo, lo peor de todo es que Encarnita Polo/Pepe Rubio es en realidad un malvado cyborg venido de un lejano sistema solar para conquistar el planeta y subyugar a la raza humana.
No me preguntes el porqué, pero lo sé.
martes, marzo 07, 2006
Cada día un poco más.

Cada día un poco más.
Cada día un poco más, paso a paso, aprendo a olvidarte.
Ahora consigo cerrar ya los ojos y no ver los tuyos mirándome furtivos entre nubes de tormenta.
Ya no recuerdo tus sonrisas, graciosas y tímidas, que solían contagiarme tu juventud y parte de la inocencia que nunca había deseado tener como compañera.
Tu voz ya no me obliga a ablandar el gesto ni afloja mis puños.
He dejado de ver las letras de tu nombre en las páginas que solía leer y tampoco uno esas cinco puntas para formar una estrella sobre un cielo de palabras.
Tus silencios han pasado a ser costumbre y no hablan conmigo, tu perfume no me hace temblar.
Remendado de recuerdos, espero que la marea borre tu nombre de la arena, que me permita pasear descalzo sin pisar tu memoria.
Cada día un poco más, quisiera olvidar lo aprendido y, paso a paso, recordar como era la vida antes de haberte conocido.
martes, febrero 28, 2006
La memoria de la piedra y la lluvia.

La memoria de la piedra y la lluvia.
Las luces de las farolas tiritaban en los charcos que la lluvia había dejado aquella noche. Llevabas horas caminando, sin saber a dónde ir. Habías dejado la habitación de aquella vieja pensión la tarde anterior, ya no podías seguir encerrado con tus pensamientos, estabas volviéndote loco.
Negra era aún la noche cuando el frío y tus ropas húmedas te obligaron a buscar refugio bajo unos soportales de la ciudad vieja. Decidiste encender un cigarrillo y, entre humo y piedra antigua las lágrimas volvieron a asomarse a tus ojos.
Ella nunca había sido tuya, pero te sientes como si te la hubiesen robado. Nunca habíais sido uno y notas que se ha llevado una gran parte de ti.
Os conocisteis de casualidad, como los grandes golpes de suerte, como encuentras tu camino cuando navegas entre la niebla. Entró en tu vida haciendo ruido, mucho ruido. Ella cambió tu mundo y abrió tus ojos a otros que, hasta entonces, habían permanecido ocultos. Te dio todo lo que esperabas de la vida y ahora te lo había quitado.
Los primeros rayos de sol acuchillaban ya la oscuridad y arrastraban consigo jirones de aquellos nubarrones que tanto habían llorado contigo.
Apoyado en la piedra ves a la ciudad despertar y, cuando apagas lo que queda de tu último cigarrillo y te secas las lágrimas de la cara con el dorso de la mano, piensas que ya es hora de seguir caminando.
Ya te habías marchado cuando yo llegué, los suelos empedrados ya no recordaban tus pasos, nadie me habla ya de ti.
Sólo yo recuerdo quién fuiste y ya no puedo reconocerte en mí.
jueves, febrero 16, 2006
No tengo valor.

No tengo valor.
No tengo valor suficiente para enfrentarme a ti y decirte lo que siento, las últimas noticias me han golpeado tan fuerte que aún no he podido reaccionar. Aún no puedo creerlo, ¿cómo no he podido verlo venir?
Escribo estas letras sabiendo que nunca las llegarás a leer pero es así la única manera de desatar el nudo que sujeta mi voz.
Han sido tantos los avisos, tantas las advertencias que tu dejabas entrever y yo no hacía otra cosa sino torcer el gesto y esquivar la mirada. Yo solo caía una y otra vez en mi propio engaño, conseguía convencerme a mí mismo de que todavía existía una posibilidad, de que aún quedaba un resquicio por el que la esperanza se podría colar antes de que la puerta se cerrase. Hoy me has hecho comprender lo equivocado que estaba.
La realidad me ha robado mis sueños, ha transformado la confianza y la fe en humo y vacuidades.
No dejo de hacerme preguntas a las que enseguida encuentro respuesta, mi falta de razón da sentido a esta situación, las piezas comienzan a encajar.
Hoy he leído tus trágicamente alegres palabras y encontré una despedida bajo una pátina de amistosa sinceridad pero también creí ver un poso de amarga culpabilidad de la que, sin duda, tú no deberías responsabilizarte. Tengo lo que merezco, yo mismo he cavado este foso del que ahora no sé si podré salir.
La vida te aleja, ahora sí, definitivamente de mí. Incluso en las más conocidas costas los bajíos pueden impedirte llegar a puerto.
Ya no voy a correr, abandono la lucha, ya está, he perdido. Las heridas curarán, seguro, pero las cicatrices morirán conmigo. Serán recuerdos de batallas libradas por ti, en el orgullo ya no queda sitio para ninguna más pero puede que en los recovecos del alma quede un hueco suficientemente grande para las llagas que dejarás al marcharte.
Puede que ésta sea mi última carta, ya no tengo a quién escribir. Nunca me has leído y ya nunca más lo harás. No tiene sentido que siga vomitando sentimientos en un teclado mientras la noche se me echa encima ni trace ilusiones sobre el papel que, inquieto, trata de huir de mí volando para llegar allí donde mi voz es ahogada por el viento.
Hasta aquí he llegado, última estación, puerto de destino, punto final.
Las estrellas se han detenido en su infinito vagar, el fuego ha arrasado los campos y el hielo ha conquistado los mares. Los ríos vomitan veneno, los bosques humean en silencio. Nuestro mundo pronto dejará de existir.
Pronto seré sólo un recuerdo, alguien que un día conociste, una anécdota que contar.
Podré vivir sin tu presencia, estoy acostumbrado, pero será trabajoso navegar mis mares sin tenerte presente en mis horizontes.
Tu nombre escrito en el casco de mi navío me recordará lo fácil que fue siempre recorrer contigo el mundo en un instante y me servirá de aviso cuando, algún día, una nueva sirena trate de embelesarme con su canto. Canto con el que, cierto como que hoy te he perdido para siempre, me perderé yo también con tu recuerdo para siempre.
Ve corriendo pues, dama de humo, a caer en unos brazos que no serán los míos, a reír observada por unos ojos que no serán del color de los míos.
Ve y encamina tu vida bordeando las fronteras de la mía, lanzándome sombras que me golpearán cuando mire hacia atrás.
Yo me quedaré aquí sentado, esperando a que las corrientes y las mareas me sean propicias y vuelva a salir a la mar.
sábado, febrero 11, 2006
No tienes derecho.

No tienes derecho.
Pasan los meses y no se nada de ti, corren los días y no te alcanzo siquiera a ver.
Nunca he creído que sumando años a mi cansancio y abandono a tu insolente juventud, el problema y la solución dejases de ser tú.
Apareces y desapareces, te vas y me destrozas, vuelves y sojuzgas mi razón. Bailas con mi ilusión por el día y por las noches con mi dolor.
Me rompes y me recompones, no te espero y apareces, te sueño y no te encuentro.
No te merezco pero adoro sufrirte, no te temo y tiemblo al verte, no puedo oírte y tu voz me susurra palabras secretas en mis sueños.
Cierro los ojos y veo estrellas de cinco puntas, las letras de tu nombre brillando en la oscuridad. Norte perdido, faro que señala tus costas.
Húndeme de una vez por todas o rescátame de las traicioneras aguas que hay entre los dos. Vas y vienes con las olas y las mareas, me dejas solo y frío y no consigo olvidarte.
Las brasas nunca han llegado a extinguirse y el fuego vuelve a prender con tus cambios de parecer y se aviva con los vientos que rigen tu veleta.
Casi no recuerdo cuando juntos caminábamos de la mano, buscando respuestas y soluciones. Tan llenos de ilusiones y valientes entonces, tan vacíos y tristes ahora.
Tantos años y aún puedo ver aquella sonrisa que doblegaba voluntades y aquellos ojos que fundían corazones. ¿Dónde han quedado los días en los que fuimos el uno camino y destino del otro?, ¿acaso vas y vienes con las mareas como los recuerdos a tu memoria?
Dame la mano o déjame caminar sin la sombra de tu presencia. Véndeme mi libertad, pagaré el precio, o ciérrame las puertas contigo dentro.
Quisiera olvidar que recuerdo haberte querido.
No tienes derecho.
jueves, febrero 09, 2006
Continuará...

Llevaba las manos en los bolsillos de la cazadora, guitarras en mis oídos y la cabeza gacha. Hacía mucho frío y trataba de esconder la barbilla bajo la bufanda gris. Bajaba ausente y distraído por aquella escalinata con la mirada puesta en mis pasos y en los escalones todavía cubiertos de escarcha. Mis viejas zapatillas ya no se agarraban al suelo como solían hacerlo y, por un momento, a punto estuve de caer, pero una pequeña mano apareció de repente y encontró la mía cuando ésta buscaba un inexistente pasamanos en el aire.
Mi aliento que, hasta entonces, dejaba una pequeña nube de vaho a mi paso, desapareció por un instante.
- ¿Estás bien?, me dijo.
Con un rápido gesto me libré de los auriculares, mi cara de sorpresa debía de ser cómica pues ella no pudo reprimir una leve risita que pronto se transformó en una profunda sonrisa.
- Tienes la punta de la nariz colorada, ¿estás bien?, volvió a decir.
Mis palabras se apelotonaron a los lados de la garganta y, en su intento por salir, se estorbaban unas a otras y se retorcían y desordenaban.
-Tengo frío, acerté a contestar, a lo que ella respondió con una sonora carcajada.
Era pequeña, con el pelo rojizo y alborotado sobresaliendo de un gorro de lana multicolor, sus ojos verdosos, bailaban al ritmo de sus risas sobre una nariz pequeña y redonda y tapaba su pequeña boca con sus dos manos.
Supongo que, en otras circunstancias, hubiese debido pensar que se estaba riendo de mí y me hubiese sentido avergonzado, pero no fue así.
- Pues si tienes frío lo mejor será que te invite a un chocolate bien calentito, ¿no crees?, añadió sin dejar de sonreír.
- ¿Y por qué no un café bien cargado?, dije.
Continuará…
Estaba sonando:
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miércoles, febrero 01, 2006
Sangre en la nieve.

Sangre en la nieve.
Sangre en la nieve, amapolas de distintos tamaños que han brotado a través de la sábana que cubre el paisaje, granizado de hemoglobina.
La vida que antes fluía por tus venas se te escapa ahora a borbotones y zigzaguea entre el frío blanco dejando un rastro que podrá ser seguido hasta el lugar en el que te encontrarás con tu futuro y tu pasado en un mismo instante pero en el que ya no tendrás presente.
Piensas que no es justo, que no es posible acabar así. Este es un país civilizado y moderno y la gente ya no se muere así, la rescatan en el último instante, sale en las noticias y ya está.
Vagas por tu mente como lo haces por el paisaje, piensas en el pasado para no sentir el dolor del presente y la angustia de lo que está por venir.
Hace tiempo que ya no distingues entre cielo y tierra, caminas o, al menos, lo intentas, por un blanco infinito y sólo deseas continuar y no dar rodeos, trazar con tus pasos una línea recta, para, así, procurar llegar a algún sitio.
Si llegaras a cruzarte con las líneas de vida que dejas a tu paso, la desesperación ya no te permitiría seguir adelante.
Nunca hubieras imaginado que tu futuro se te fuera a escapar, gota a gota, en un escenario salvaje y antiguo. En tu mente tratas de encontrar una explicación pero no logras entender el porqué de tanta hostilidad en una naturaleza que siempre habías creído pacífica y acogedora.
Estás tan cansado que sólo piensas ya en dormir. Tus pies se arrastran por la nieve inútiles para llevarte a cualquier lado.
Ojalá pudieras despedirte. Le dirías que la quieres, que siempre lo has hecho a pesar de los silencios, a pesar de las ausencias. Ver por última vez sus ojos, un adiós y un beso. Sólo eso, todo eso.
Tus rodillas se doblan y caes en lo que se te antoja un mar de plumas. Ya no sientes frío y tus ojos se cierran para poder ver.
Está arrodillada a tu lado y sonríe, os miráis y sabes que ella siente lo mismo, que ya nada podrá cambiarlo. Sonríes feliz y duermes para siempre soñar con ella.
Tal vez días más tarde, alguien seguirá un rastro de amapolas en pleno invierno y llegue a ti para comprobar que, en el último instante, llegaste a algún sitio y ella te vino a rescatar.
miércoles, enero 25, 2006
martes, enero 24, 2006
Mona lisa.
Mona Lisa, Mona Lisa
Men have named you
You´re so like the lady
With the mystic smile
Is it only cause you´re lonely
They have blamed you
For that Mona Lisa
Strangeness in your smile
Do you smile to tempt a lover, Mona Lisa
Or is this your way to hide a broken heart?
Many dreams
Have been brought
To your doorstep...
They just lie there...
And they die there...
Are you warm,
Are you real,
Mona Lisa?
Or just a cold and lonely,
Lovely work of art?
Mona Lisa, Mona Lisa
Men have named you
You´re so like the lady
With the mystic smile
Is it only cause you´re lonely
They have blamed you
For that Mona Lisa
Strangeness in your smile
Do you smile to tempt a lover, Mona Lisa
Or is this your way to hide a broken heart?
Many dreams
Have been brought
To your doorstep...
They just lie there...
And they die there...
Are you warm,
Are you real,
Mona Lisa?
Or just a cold and lonely,
Lovely work of art?
Mona Lisa, Mona Lisa.
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lunes, enero 23, 2006
Siento que lo siento.

Siento que me estoy cayendo, ya noto el vértigo.
Estoy metiéndome en más líos de lo habitual y lo peor de todo es que, ahora, el que saldrá peor parado no seré yo. Acabaré haciendo daño a alguien que no tiene la culpa de que yo sea como soy. No puedo evitarlo y, sin embargo, me siento culpable.
Voy rodando ladera abajo y cada vez la bola de nieve es mayor, callo, asiento y siento que estoy mintiendo, no tengo valor para decir y asumir la verdad.
Pienso palabras que no digo y son esas mismas las que me atormentan al no poder salir de mi cabeza, giran y revolotean, dan vueltas y se ríen de mí. Me acusan y tienen razón, me señalan con dedos cargados de remordimientos.
Quisiera vencer las dudas, evitar mis miedos. Quisiera ser el único que sufra por mis actos y decisiones. Quisiera estar solo y no sólo sentirme tan solo.
Siento que estoy hiriendo, que mis palabras cortan adentro.
Siento que lo siento.
sábado, enero 21, 2006
Necesito vacaciones.

Necesito unas vacaciones, necesito escribir postales.
Tengo que perderme solo por calles en las que seré invisible, poner distancia entre tú y yo.
He de encontrar el trozo que le falta tu nombre, resolveré tu acertijo en varios idiomas, hallaré un espejo intacto.
¿Y si no vuelvo?, ¿y si me pierdo?, ¿querrías tu buscarme?
Mejor vuelo de regreso y sólo dejo allí mi voz.
jueves, enero 12, 2006
Que se abran los cielos.
Que vaguen mis recuerdos cayendo en el abismo, pues ya no amaneces en mi pensamiento ni el sol se pone ya con tu memoria.
lunes, enero 09, 2006
miércoles, enero 04, 2006
Mareas que suben y bajan.

Como las mareas que suben, bajan y vuelven a subir, las corrientes de la vida te traen de nuevo a mí.
Una vez casi me ahogo en tus aguas. Ayer.
¿Cómo saber tus intenciones sin echarme a nadar? Mujer.
Tu voz suena como siempre, tu risa como la de aquellos días.
Se me están acabando las excusas para no verte, aunque tú sabías que esto ocurriría.
El año Nuevo.

El año nuevo ya me ha golpeado y, esta vez, las heridas dejarán cicatrices.
El año nuevo seguirás siendo mi billete a la esperanza, seguirás siendo el firme saliente en la roca al que me aferro cada vez que estoy a punto de despeñarme en los acantilados de mi propia locura.
Es en tu barco en el que navego por aguas traicioneras, el él llego a puertos seguros y secretos.
Con doces meses todavía por delante, el año se me perfila triste y oscuro. Busco cobijo bajo las nubes de tu recuerdo que me protegen con la lluvia de tu memoria.
Son muchos ya los puertos visitados, muchos para olvidar, muchos de nombres olvidados, pero es el rumbo que, un día, puse hacia el tuyo el que consigue dar significado a todo lo pasado.
Es tu muelle un destino imposible, un objetivo que ha de ser perseguido pero que nunca debería ser alcanzado, un horizonte siempre lejano, una estrella fija en la oscuridad de la boca del monstruo que es la negra noche de tu ausencia.
Es justamente el saberte y no tenerte lo que me obliga a buscar tu horizonte y es esa permanente búsqueda la que nunca me permitirá encontrarte.
Es el camino y no el destino lo que importa.
Tú eres mi camino y mi destino es buscarte.
martes, enero 03, 2006
Una cajita vacía, lacada de rojo brillante.

Una cajita vacía, lacada de rojo brillante.
De entre el gentío sobresalía tu mirada. La sonrisa hería el orgullo y aceleraba el pulso.Me dijeron que habías venido sola, pero toda la noche tuviste compañía.
El cabello recogido en un moño alto, tan negro como mis perspectivas, rojo de seda brillante el vestido, de corte oriental. Exótica en un mar de vestidos negros, ellas y trajes de tres piezas de color gris marengo, ellos. Llamativa iluminabas la sala como un faro de roja luz y grandes ojos del color de la noche más oscura que había visto hasta entonces.
Te sabías observada y te sentías bien, eras consciente de ser el centro de atención y estabas encantada de ello.
Dos horas tardaron en presentarnos y fue ahí cuando empezaste a perder tu encanto.
Tus palabras no eran capaces de cumplir lo que tu mirada prometía. Besabas con desesperación un whisky con cola tras otro pero ello no parecía afectarte, tan sólo alargaba un poco tus eses al hablar y acortaba la distancia entre tú y yo. Una distancia que, por entonces, nuestras miradas recorrían sin dificultad.
Te gustas y te adoras y tu discurso lo dejaba claro, eres tu único y favorito tema de conversación.
A aquellas alturas yo ya sabía que aquella cajita lacada de rojo no contenía ninguna joya.
Empecé a verte, pues, como lo que realmente eras, una ilusión, un reclamo brillante como los cebos artificiales que acostumbro a usar cuando voy a pescar, un engaño de bonita factura con un llamativo lazo y papel brillante para envolver aire y vanidades.
Tengo que reconocerte el mérito de haberme engañado en un primer momento, colores y brillos que creí se verían respaldados.
Fuegos de artificio, cantos de sirena. Sonrisas de papel que se deshicieron ahogadas en vasos de licor.
La realidad te alcanzó a lomos de la evidencia.
viernes, diciembre 16, 2005
Café de la mañana.

El sol ha madrugado menos que tu recuerdo y el café me sabe a ti.
Te he escrito hace poco y no supe qué poner, no conseguí explicarme, las palabras no me eran suficientes.
Leerás aquellas líneas una vez y las olvidarás mucho antes de acabar, paso por tu vida como el viento, invisible y molesto, si me hago notar.
Tan cerca que no puedes verme, tan lejos que no puedes oírme.
Tan pronto que aún no has llegado, tan tarde que no volverás.
Me has escrito hace poco y no supe qué leer, no conseguí entenderte, tus palabras no me eran suficientes.
Leeré aquellas líneas una y otra vez y las recordaré mucho antes de empezar, pasas por mi vida como el viento, traes aromas del café de nuestras mañanas, aromas del recuerdo.
miércoles, diciembre 14, 2005
Quisiera hablarle.
A veces, un pequeño pajarillo se cuela por una ventana entreabierta y allí se queda, atrapado, silbando un rato conmigo.
domingo, diciembre 04, 2005
¿Quién sabe?

¿Quién sabe?
Esta noche han sido cuatro en total, todos muy jóvenes. Demasiado jóvenes.
Juventud, lluvia, velocidad, casualidad, destino. ¿Quién sabe?
Aquella trampa de metal vomitaba chispas mientras los bomberos hacían su trabajo.
-Nada que hacer ya, sólo sacadlos de ahí. Necesito unas sábanas. ¿Alguien tiene la documentación?
La vida es injusta pero la muerte no nos iguala a todos. No señor, ni todas las muertes son iguales ni todos morimos igual.
-Joder, pero si son unos críos. No pueden tener más de diecinueve. ¿Alguien ha avisado ya a las familias?
Tenían sus sueños y proyectos, seguro que amaban y odiaban, todavía tenían mucho por aprender y puede que ya algo que enseñar.
-Venga, vámonos, hemos acabado aquí. Tenemos otro aviso, son dos más. Puta vida…
Esta noche han sido cuatro, mañana puede que tú o yo nos unamos a ellos. ¿Demasiado pronto?, ¿demasiado tarde? ¿Quién sabe?
jueves, diciembre 01, 2005
Soñando...

Soñando soñar sueños contigo, un día desperté. Abrí los ojos y me encontré en esa época del año en la que es obligatorio sentirse feliz y la soledad, impuesta o electa, no es bien entendida.
Salí a la calle buscándote entre las luces y sonrisas de extraños. Creí verte tras escaparates y pantallas de televisión que mostraban imágenes de lo que debe ser y, para mí, nunca será, pero tan solo eran reflejos. Reflejos y espejismos, nada más, tú no podías estar allí. No tú.
Escuché los sonidos de aquellos días, por ver si oía tu voz. Miles de risas inundaron mis oídos, pero en ninguna encontré la sencilla sinceridad de no ser una más.
Caminé las calles que un día pudimos haber recorrido como uno y no dos, pero no te encontré en los bulevares de la compra y de la venta. Quizá me hablaron de ti en los fríos rincones en los que la humedad te cala hasta los recuerdos y sueños y esperanza duermen entre cartones sobre el suelo.
Soñando soñar sueños contigo, un día desperté. Abrí los ojos y me encontré en esa época del año en la que quisiera estar contigo y en la que aún nunca he podido.
lunes, noviembre 28, 2005
Quítatelo de la cabeza.
No merece la pena, no podrás llegar allí.
Confórmate, date por satisfecho, no está en tus manos.
No sueñes más despierto, no es real.
Vive, no dejes pasar los años.
Olvídalo, el viaje es largo, no cargues con tanto mal.
miércoles, noviembre 23, 2005
Mentiras en las que creo.
Mentiras en las que creo.
Detrás de todo lo que veo, escondido en mis sueños, yace una mentira.
Tan grande es el engaño que no puedo vivir con ello.
Me confieso en mis noches de locura compartida y el arrepentimiento llega a lomos de negros remordimientos cabalgando desde el sol de la mañana.
Solamente tú conoces el secreto, sólo tú sabes la verdad. Lo sabes y no quieres saberlo, mi secreto a buen recaudo.
Despierta niña, despierta, abre tus ojos, recuerda conmigo el verano en que te conocí.
Recuerda conmigo aquellos días en los que las sonrisas madrugaban en tus labios. Días en los que compartíamos mesa que unía y separaba a un tiempo.
Días de cafés de media mañana y de sobremesa apurados hasta el límite de lo excusable.
Tardes soleadas de llamadas telefónicas, añoranzas diarias, paseos perdidos por el parque y más cafés en la plaza del pueblo.
Noches de cenas con el agua corriendo bajo nuestros pies, miradas furtivas sentados al borde de la fuente, charlas en el coche, con la lluvia queriendo entrar, hasta el amanecer.
La luz de aquel verano cegó mis ojos, casi consigue convencerme de mi propia mentira. Creí ser distinto sólo por sentirme único a tu lado, creí y debía haber creído.
Cegado por la llama, me vi atraído por su luz, tanto que ahora me abraso en el fuego de su recuerdo.
Nunca antes me había sentido así, o tal vez sí, pero los años habían borrado mi sonrisa. Nunca antes había yo convertido en mentira una sonrisa tan sincera. Nunca más regaré ilusiones en jardines ajenos. Frutos de hiel donde había soñado de labios de miel.
Ahora tengo una mentira que me acompaña allá donde voy, que nos mantiene unidos en mi memoria. Tengo algo que no podré perder nunca, que nadie me podrá arrebatar, vivo la mentira en la que me sonríes y siempre me echas de menos, creo en mi mentira de verano perenne en la que las distancias se acortan y nuestros dedos se acercan hasta casi tocarse.
Una mentira dura como el acero y con la forma de mi corazón, que lo protege de mi mismo y de la certeza de saberte lejana, de reconocerte ajena. Una mentira que mantiene los pedazos de mi corazón unidos con hilos de engaño, que remiendan las rasgaduras de las heridas. Esperanza e ilusión sajaron jirones que, ya siempre, se irán contigo.
sábado, octubre 29, 2005
Los perros, de noche.
Los perros, de noche, escapamos del día que nos intenta devolver a un mundo que ya no será nuestro, intentamos olvidar la felicidad del día, huimos de los recuerdos.
Los perros, de noche, soñamos despiertos los mismos sueños, aullamos las penas pasadas en tiempos.
Los perros, de noche, somos todos iguales, del color gris del cemento y del pálido vaho que envuelve nuestro cabizbajo pensamiento.
Grr...
miércoles, octubre 26, 2005
Hace años.
Hace años yo era otro, me veía desde fuera y no me soportaba. La juventud afilaba mi sonrisa y hacía brillar mi mirada de descaro malicioso.
Mis recursos eran limitados pero sabía cómo sacarles partido. Conocía las reacciones, sabía leer los silencios, interpretaba las miradas, encontraba huecos entre inseguridades y vanidades. Días y noches llenos de risas, mañanas repletas de remordimientos.
Intentaba dormir y no podía, mis pecados arrugaban las sábanas.
Había noches en las que un zorro vestido de esmoquin se me aparecía a los pies de la cama. Solía sonreír y guiñarme un ojo.
Hace años yo era otro, huía de mí mismo y cada día, al despertarme, me descubría en un sitio nuevo y extraño aunque yo seguía siendo el mismo.
Buscaba en los demás lo que no conseguía encontrar al mirarme al espejo, robaba miradas, me alimentaba de sonrisas.
Llegó un momento en el que el vacío se hacía más y más grande con cada vida en la que entraba. No pude más, no me reconocía, no sabía quién era. Ya había vivido demasiadas vidas que no eran la mía, ya había causado demasiado mal.
Fueron misteriosos los motivos por los que quise dejar de correr, por los que quise parar y ver el paisaje.
Puede que tú tuvieses algo que ver. Te plantaste en medio de mi camino, clavando tus ojos en mí.
“¿A dónde vas tan rápido?, ¿tienes prisa por llegar a tu final?”
Hasta entonces no lo sabía pero tenías razón, tenía prisa por llegar a mi final y así hubiera sido si no nos hubiésemos cruzado.
Tengo una gran deuda contigo, tan grande que no la podré pagar. Te debo el tiempo que me queda, las vistas de mis ojos y los sueños que llenan mi corazón. Te debo mi voluntad de cambiar y todo lo que me regalaste y de ti aprendí.
Hace años yo no te conocía, hace años huía y no vivía.
jueves, octubre 20, 2005
Who do you think you are?
Sonríes al pasar, saludas desde la otra acera con el brazo levantado y el bolso en el otro.
Siempre tienes prisa, eres una mujer muy ocupada, tu teléfono móvil no para de sonar. Zapatos de tacón, llueva, nieve o haga sol. Minifalda o pantalón. Gafas de sol hasta en interior.
El negro es para la noche, por el día colores pastel. Nunca pareces tener frío, eso no va contigo. Tu piel está bronceada todo el año. Algo natural, sin pasarse, que se vea pero que no se note.
Ríes tanto como hablas, vas y vienes al Spa, todo el día de tiendas y tomando cafés. Eso estresa a cualquiera.
Tienes un novio como un armario, como un armario de grande pero vacío, le vistes de negro para salir de copas, le desabrochas un par de botones de la camisa para que se vean las horas de gimnasio y el depilado del salón de belleza de tu estilista recién venido de Londres, zapatos blancos y cinturón a juego. Que lo vean las demás y que no lo puedan tener.
Tu chico te quiere mucho, o eso dice, y tú le quieres, como a los demás, hasta que ya no quieras más.
Adoras a tus amigas tanto como ellas te puedan envidiar, en el fondo no son tan diferentes a ti. Puede que un poco menos rubias, sólo un par de tonos.
Te encuentro en todos los sitios a donde voy, risa escandalosa, te haces notar, siempre tienes algo que contar.
Dices que soy pintoresco, extraño y gracioso. Tus amistades han de conocerme necesariamente. Mira que bien. El armario ropero sigue agarrado a la copa con una pose que le enseñó su monitor de musculación. Tus amigas quieren conversación.
Yo no se nada de decoración ni de trastornos de alimentación, fin del tema.
Te enfadas porque no encuentro a tus amigas adorables, ellos tampoco son muy tratables.
Observas que siempre estoy solo y preguntas si no será por lo raro que te han dicho que soy o si, convenientemente, seré tu primer y más íntimo amigo gay. Todas tus amigas tienen uno.
Si hubiese sido gay me hubiese sentido ofendido, pero creo que sólo soy un extraterrestre en tu mundo y ya tengo ganas de volver a la estrella de la que provengo.
Amenazas con llamarme mañana y quedar contigo para ir a la inauguración de una exposición de un amigo tuyo escultor que utiliza ruedas de bicicletas en sus creaciones.
Dudas cuando te pregunto si tu amigo esculpe las ruedas que utiliza o si, por el contrario, las compra ya hechas. Es broma. Tardas en comprender.
Ríes y disimulas, mañana me llamarás.
Voy a apagar el teléfono ya.
martes, octubre 18, 2005
Volando bajo el radar.
Silencio, no pueden oírnos, ni un movimiento, no deben vernos.
Quédate conmigo en un rincón, fuera de la vista de todos. Prométeme silencio, hazte invisible conmigo, enmudezcamos los dos.
Creemos un mundo sólo para nosotros solos, no digas a nadie lo que te digo, vive en secreto conmigo.
No tengas miedo, yo iré a un tiempo un paso por delante de ti y un paso por detrás. Regálame tus miradas y yo me encargaré de todo lo demás.
Ocultos del mundo viviremos, sólo tú y yo y la distancia que hay entre los dos.
Pronuncia mi nombre en susurros, yo lo leeré de tus labios en la hora de la medianoche.
Ocultémonos entre las desiertas multitudes, encubiertos y furtivos, disfrazando un amor más grande que la suma de los dos.
Llueve en mis sueños.
Bajo las escaleras y salgo a la calle, el día está oscuro y llueve como si se fuese a acabar el mundo. Las aceras están encharcadas y así están ya mis pies dentro de mis zapatos. Camino con la mente en tu sonrisa hacia la zona vieja de la ciudad, creyendo ver destellos de tu mirada en los charcos acribillados por las gotas de lluvia.
El cuello de mi abrigo levantado y la cabeza gacha. La mirada la llevo puesta en el húmedo empedrado de la zona vieja, siguiendo pequeños arroyos de lluvia que desembocan en alcantarillas que parecen ya no poder tragar más.
Intento encender un cigarrillo pero no lo consigo, mis manos están húmedas y el tabaco se ha mojado.
Es entonces cuando me doy cuenta. Veo un par de zapatos hundidos en un charco a un par de metros de mí. Unos zapatos que habían sacado a pasear en un día de diluvio a su dueña.
Levanto la mirada, poco a poco, y me encuentro con una joven en gabardina gris, calada hasta los tuétanos. Mechones de su cabello serpenteaban sobre su cara, cruzando su sonrisa. Aquella sonrisa.
Cegado por el brillo de sus ojos no pude ver como aquella sonrisa se transformaba para pronunciar unas palabras que llegaron tan adentro en mí que parecieron detener por un momento mi pulso y mi respiración:
- Hola, he venido porque te echaba de menos.
Confuso y azorado.

Confuso y azorado.
Juego con las cartas que tú repartes, acepto tus condiciones, acato tus reglas.
No discuto tus órdenes, no cuestiono tus decisiones, pero, si embargo, no logro comprender la finalidad última de tu juego. Juegas conmigo y yo ya había perdido la partida antes de repartir los naipes.
Formo parte de tu paisaje, estoy ahí, quieto, en silencio, cautivado por el decorado.
Un escenario de sonrisas y miradas que tú diriges a tu antojo. Yo, mínimo espectador, de corazón suplicante, he pagado caro el precio de la entrada a un espectáculo del que desconozco el final.
Te acercas y te alejas, me atraes y me rechazas, confuso y azorado contemplo nuestros movimientos por el tablero que has diseñado para nuestro juego. Un juego en el que nadie gana, en el que jugar es el objetivo del juego. Tu juego.
Tú nunca perderás y yo nunca ganaré.
viernes, octubre 14, 2005
Borrarte de mi vida.

Borrarte de mi vida.
Quisiera extirparte de mis recuerdos, borrar todo rastro de ti, arrancarte del pasado.
Renunciaría al tiempo compartido y a los buenos momentos que dulcifican mi memoria, cubriría tus sonrisas con vacíos y nubes, haría cualquier cosa con tal de evitar la certeza de saberme abandonado por la sonrisa de media luna.
¿Saldrías tú de mi cabeza aunque yo me lo propusiese? Ya no queda sitio sino tú, tal y como eras.
Quisiera apartarte de mi mente y no me atrevo, pues tu recuerdo y tu ausencia, impedirán que consigas abandonarme.
Si nunca te tengo, nunca podrás dejarme.
miércoles, octubre 12, 2005
La felicidad sobrevalorada.

Desde la cima de la montaña el hombre podría sentirse como un dios en la tierra, compartiría las visiones de las águilas, sería el centro de un horizonte circular.
Aquella montaña, coronada de hielos y nieves, sería su trono. El hombre reinaría, por fin, en su propia vida.
La ascensión fue dura, tanto que a punto estuvo el hombre de no conseguir alcanzar la cima, fueron días de sacrificio y sufrimiento, jornadas de soledad e incertidumbre.
Aquella montaña, se quedó con los sueños y la inocencia del hombre, se quedó con su salud y su vida y su espíritu se fueron haciéndose jirones en aquellas laderas.
Un día el hombre coronó, por fin, la montaña que pensaba le iba a mostrar otro mundo más allá de sus limitaciones humanas, que le iba a convertir en otro, mejor, a partir de entonces.
Tan cansado se sentía el hombre que apenas si consiguió distinguir un paisaje helado, blanco por el hielo y blanco por la niebla. Nada de aquello era como el había pensado. Nada de paisajes infinitos, aire liviano, los pies bien plantados en la roca, el espíritu pretendiendo salir del pecho. Nada era como lo había imaginado, nada como le habían contado.
No había encontrado las respuestas grabadas en la roca y, si embargo, ahora lo comprendía todo. Ahora veía lo que durante toda su vida le había sido negado, ahora se veía a sí mismo solo, viejo, moribundo, ignorante, minúsculo frente a la grandiosidad de la montaña.
Ahora, cuando estaba tan próximo a su fin, el hombre veía la muerte en aquella cima desolada pero ya no se lamentaba por haber malgastado su vida hasta entregarla por completo a aquella ascensión sin sentido pero con una dirección. Ya no se sentía desgraciado por los sufrimientos pasados, el dolor o la rabia. Ya no.
El hombre se entrego entonces a su destino que había estado esperándole allí desde antes de que naciese.
Y la muerte besó sus labios.
Vivir mata, el amor duele.
martes, octubre 11, 2005
Entorno los ojos y veo.

Entorno los ojos y veo.
Entorno los ojos y te veo en la noche, tu mirada se dibuja en las nubes que huyen de la oscuridad siguiendo al sol. Te tengo tan cerca que podría oírte, acaso tocarte.
Nada puede separarme ya de ti, montañas, ríos, valles, no hacen sino unirme a ti, conformar dos voluntades que, en la inmediatez de la cercanía, tendrían obstáculos definitivamente insalvables.
La distancia hace que te tenga presente por inalcanzable, deseada por prohibida, tu mirada se vuelve actual cuando entorno los ojos y la veo en los jirones de nubes en fuga hacia la mañana siguiente.
martes, octubre 04, 2005
Quererte me duele tanto.
Quererte, y no sabes cuanto, ya no me deja vivir.
Morirme en ti quisiera, un principio para un buen fin.
Morirme sin ti sería, como no haber nunca podido vivir.
lunes, octubre 03, 2005
Lágrimas no vienen a mí.
Lágrimas no vienen a mí.
Quisiera llorar, pensar en ti no puedo,
volver a despedirme de ti no quiero,
el tiempo te aleja y yo ya no siento,
gozoso dolor de tu ausencia, dulce tormento,
vivir ya no tiene sabor sin tu recuerdo.
Los días, las horas, mi fe en lo que siento,
me salva la vida saber que te quiero.
Lo sabes y ocultas, secreto deseo,
comparto tus ojos y siento que muero,
quererte y callarme, hacer lo que debo.
miércoles, septiembre 28, 2005
martes, agosto 16, 2005
Cierra tus ojos.
El viento te golpea en la cara, tu corazón late con un ritmo indeciso. Tus pies parecen querer envolver, aferrarse a la estrecha barandilla del puente en la que te has encaramado, tienes los brazos relajados, pegados a la línea de tu costado.
Cierra tus ojos.
Respiras pausadamente como queriendo aprovechar el aire y el instante, piensas en cómo será, en qué sentirás.
Despacio, tanto que parece una eternidad, cierras tus ojos y, de repente, tu imaginación toma el control. Piensas en pájaros, en cometas que rebeldes tratan de escapar de los hilos que las retienen, en aire, en nubes, en cielos eternos.
Respira.
Tomas aire y lo retienes por unos instantes. La vida te invade hasta lo más profundo y, al vaciar tus pulmones de aire, parte de ella se va con él.
Piensas en dejarlo pasar, en cambiar de idea, retirarte, abandonar. No puede ser, has llegado ya demasiado lejos, es demasiado tarde ya. Pronto habrá pasado todo.
Piensa.
Por tu mente pasan imágenes extrañamente estáticas del pasado, instantáneas del ayer, flashes de una vida en movimiento en un mundo a oscuras. Una colección de sonrisas multicolores, tus manos entre su pelo, reflejos del sol en las aguas verdes y azules que guardaban vuestro secreto. Pero también ves tus manos desnudas y ensangrentadas bajo la lluvia, te ves de rodillas sobre el cemento mojado con tus manos intentando sostener un cielo metálico del que llueven alfileres de agua helada. Tus pies descalzos, azulados por el frío, se ven sucios en los charcos. Las diapositivas de tu vida alternan los colores con las sombras y proyectan una representación de agonía que se niega a terminar.
Salta.
Llevas tus brazos hacia atrás e inclinas tu cuerpo hacia delante, sientes la gravedad que tira de ti, la fuerza que regula el universo se ha acordado de ti, algo está cambiando ya. El vacío te atrae hacia el punto donde confluyen las líneas verticales sobre las que aún te sustentas. Un poco más, sólo un poco más.
Flexionas las piernas, tensas los músculos, un pequeño impulso. Ya está.
Cae.
Tus ropas se agitan mientras caes, un sonido como de mares que fluyen inunda tus oídos, batir de alas, alas de palomas. Crees flotar y tus ojos continúan cerrados, susurras un nombre.
Oscuridad.
Ella.
(Sigo desaparecido e intento esconderme de mi mismo, pero me encuentro a cada paso que doy)
lunes, agosto 15, 2005
Espejuelos.
Aquel día pude vivir mil vidas con tan sólo tenerla a mi lado.
Todo sería para siempre, mientras la tuviese de la mano.
Esa puerta entreabierta.
-¿Diga?, dijo ella alegre mientras apartaba aquella montaña de ropa y piezas de madera de la cama.-Hola, soy yo, te echaba de menos
La niña que vivía junto a la mar.
La niña que vivía junto a la mar se sentaba en los bancos del paseo por las tardes.
Yo la veía todos los días, al ponerse el sol, cuando aparece un camino de oro hasta el horizonte.
Cada vez que nos encontrábamos, la niña me hacía una pregunta distinta:
¿Acaba siempre el mar en donde comienza la tierra?, ¿por qué huele a tierra húmeda cuando hay tormenta?, ¿dónde va el agua cuando baja la marea?, ¿todas las brújulas nos guían a los mismos sitios?, ¿has venido en un barco?
A veces, intentaba responderle con una frase amable, otras, abrumado, sólo acertaba a sonreír.
La niña que vivía junto a la mar tenía la mirada en llamas, la juventud fluía por toda ella, la vida le hacía reverencias.
Ella quería ser mayor, quería viajar más allá del mar que devoraba cada día con ojos de fuego. Tenía las maletas preparadas, bajo su cama, por si aparecía algún extraño que la llevara, en algún barco, algún día.
La mar no podía ser infinita, no como su ilusión, la niña que vivía junto a la mar quería ver dónde nacían las olas, el lugar desde el que habían partido sus orígenes a bordo de un maltrecho vapor de nombre Esperanza. No podía estar tan lejos, no debía faltar mucho.
Sólo yo podía ver a la niña que vivía junto a la mar, nadie más. Era mi espectro particular, mi alucinación privada, mi propia ruptura con la realidad. Mi conciencia encarnada. Mi razón me esperaba sentada.
De tanto verla todos los días, quise dejar de hacerlo, quise volverme cuerdo. Dejar de pasear junto a la mar por no verla más. Ser y parecer como los demás. Alguien. Un número.
Quise volverme gris, dejar de asombrarme, comer tres veces al día, orden, nudo Windsor, dormir ocho horas, analgésicos, nada de cafeína. Las palabras ya no venían a torturarme en mis noches de plácidos sueños descafeinados y desnatados. No podía ser la felicidad pero tampoco existía el sufrimiento. Ni la conciencia de sentir tampoco. La empatía se volvió apatía, ya no era indiferente a las diferencias, todo lo extraño me resultaba amenazador y censurable. Casi recupero la cordura. Casi.
Una noche desperté desorientado, extrañado por el sobresalto de un recuerdo de un mirar que me había visitado en mis sueños y allí estaba ella, mirándome fijamente como vigilándome a los pies de mi cama.
Mi cama era un bote que flotaba en aguas negras como la noche que nos envolvía, sus ojos estrellas y su perfil, constelaciones.
Mi bote de sueños zozobró, el agua estaba helada, el frío y la oscuridad me hicieron sentir lo que hacía tiempo que intentaba olvidar. No consiguieron enseñarme quién era, pero observando aquella escena, empapado de agua, sal y vida, vi claramente el vacío en el que no quería caer, el recipiente hueco con silueta de persona en el que no deseaba transformarme.
Abrí los ojos y sentí dolor. El dolor de la vida, el escozor de la sal de la mar en las heridas. La vida mortal que me arrastra hasta el fondo con un remolino fatal.
Ya no importa sufrir y, aún menos, morir. Así debe ser. El cuerpo se debe a mi mente y, mi mente, está muy lejos de aquí, buscando un viejo puerto perdido en una pequeña isla de leyenda.
Un lugar donde alguien me espera y las máscaras ya no serán necesarias, donde nos veremos lejos del hombre que todo lo corrompe, donde volveremos a ser más grandes que nuestra suma. Dos que suman más que infinito, un par de almas que conformarán un universo a su medida.
Ya no está tan lejos, ya no falta mucho.
jueves, agosto 04, 2005
Encamíname hacia la mar.
Muéstrame los mares por los que aún no he navegado. Sonrientes, los labios que aún no he besado.
Elévame, hazme flotar. Caminar sobre las ardientes dunas y las espinas resecas de vida.
Niño de sal, cloruro sódico antropomorfo, un muro parlante de casi diez bloques de cemento de altura.
Mis pies hundiéndose en la arena del fondo, uno tras otro, los pasos me devuelven a mi horizonte arqueado.
Y tú viéndome partir, sentada en tu banco del paseo. Anclada a la realidad por tu sombra, esa que tanto solía decirme...
miércoles, agosto 03, 2005
Y tú dormías.
Me desperté desorientado y me tranquilicé cuando te encontré a mi lado. Un rato más tarde yo te acariciaba ese mechón de pelo que, rebelde, te cruzaba la cara. Me entretenía con la curva de tu nariz y la forma de tus labios, tus ojos cerrados y aquel gesto relajado.
Y tú dormías.
Yo intentaba controlar aquel temblor en mis manos cada vez que las acercaba a tu cara, trataba de reprimir aquella agitación que intentaba imponerse a mi voluntad.
Y tú dormías.
Los dos recostados en una pendiente, tapizada de hierba, cerca de una carretera. Una ambulancia aullaba furiosa. Cada vez más fuerte, cada vez más cerca.
Y tú dormías.
Comenzaron a brotar gotas de agua en tu piel y descubrí que estaba lloviendo. Te abracé más fuerte aún y observé tu pie descalzo. Tan pequeño.
Y tú dormías.
La lluvia caía sobre los dos transparente fría y dura como cristales de hielo. Nos calaba por completo, llegando hasta mi alma misma. Me resbalaba por la cara y animaba a lágrimas compañeras a manar y fluir con ella. Tus ojos continuaban cerrados, tranquilos y tus lágrimas eran sólo tuyas, pero la lluvia se llevaba de ti algo más. Ríos en miniatura entre la hierba. Eran pequeños ríos del color del fuego oscuro.
Y tú dormías.
Alguien nos llamaba unos metros más allá. Ya faltaba menos. Besé tu frente mojada y levanté un brazo. Agitándolo intentaba llamar la atención de quien, desesperadamente, trataba de localizarnos.
Y tú dormías.
Tu pelo, mojado, se te pegaba a la cara. Tan pequeña, tan frágil. No dejo de mirarte mientras las voces se acercan. Agua, sangre, hierba y barro se mezclaban en mis manos.
Y tú dormías.
Oía voces, pero sólo te veía a ti. Te imaginaba sonriendo, guiñándome un ojo, peinando tus cabellos, ahora pegajosos y empapados, mientras tarareabas una canción. Alguien, desde atrás, me sujeta por los hombros y me pregunta por ti.
Y tú dormías.
-¿Que si la conozco?..., no, no la conozco, pero la siento como propia, como desde siempre…, si, yo estoy bien. No, no me acuerdo. ¿Dónde la van a llevar?
Y tú ya no despertarías.
Tiempo.
Cincuenta minutos.
Me pongo muy nervioso cuando hablo con una voz así al otro lado de la línea telefónica. Tartamudeo, las palabras se atropellan, borbotones de ideas y la lengua que se enreda.
Comienzo varios temas de conversación a un tiempo, te interrumpo, me disculpo, enciendo un cigarro. Otro más.
No pensaba que tu voz sonase así, intimidante, dulce e intrigante a la vez, pero ahora me alegro de haber marcado aquel número, la clave de tus palabras, contraseña de tus paisajes, la combinación de tus miradas. Aún no comprendo cómo pude atreverme.
Fueron cincuenta minutos y podrían haber sido más, la carga de la batería decidió por los dos. La tecnología que se opone a la poesía.
Ahora conozco tus cadencias, tus pausas y tus énfasis. Me recreo en tus silencios y en esa manera tan sexy de alargar las vocales finales.
Es en este momento cuando se cómo suenan las sombras de tu rostro, he encontrado la solución al acertijo de tu voz. Espero no llegar a comprender el misterio de tu mirada por miedo a perder lo que nunca, en esta vida, podré tener y retener.
jueves, julio 21, 2005
Juramento del despechado.
Maldita seas por siempre (2).
Maldita tu, hacedora de milagros, por robar una entrada de primera fila del espectáculo de mi vida. Sin pagar el precio, levantándote de tu asiento a mitad de la función, risa escandalosa, abucheos y aplausos.
Maldita, por tener las llaves y no compartirlas conmigo. Poseedora del elixir, dueña de las respuestas a las preguntas que nunca te formularé.
Condenada seas por siempre, infecta curandera de endeble carromato y equipaje ligero. Sucia alimaña, jugadora de naipes, de tus propias cartas. Doble fondo en tus palabras y oropel en tu mirada.
Condenada por malabarista de sentimientos, funámbula en alambres atravesados de corazones robados, resecos y desangrados. Buscando el reconocimiento público, la gratitud por ser destrozados.
Miserable alma la tuya, que necesita enterrar las ajenas para sentirse más elevada. Henchida de vanidad, colmada de autocomplacencia.
Miserable mujer, de mirada del color de ascuas de oro. Sonrisa de atrezzo y la mentira impregnando cada beso.
Perversa en tus actos, cubiertos por dulces y falsas palabras, envueltos en ardientes y traicioneras miradas, yo te acuso. Yo romperé todas tus máscaras.
Perversa mujer, yo maldigo tu futuro de traiciones, tu pasado de falsedad ofertada y compartida. Maldigo los días entregados y el agua de traición recibida, los viernes de despedidas y los lunes reencontrados.
Por todo esto, lo pasado y lo venidero, maldita seas, por siempre, mujer.
(En unos días de nuevo volveré a vomitar palabras sobre un teclado, historias que nunca nadie leerá, alucinaciones de mi mente enferma de soledad, ilusiones confortantes para un alma, de la que, ya no soy dueño.)
miércoles, julio 20, 2005
Traición.
El tiro por la espalda, es entonces cuando notas ese ardor que hace que te fallen las piernas, que te empuja hacia delante. Caes.
Tumbado en el suelo con la cabeza ladeada y un hilo de sangre saliendo de tu boca. Todo tu cuerpo es ahora como un títere caído, te pesan los brazos, las piernas no te responden y te parece que el fuego invade tus pulmones al respirar. Oyes unos pasos en la grava del suelo que se acercan, ves la brasa de la colilla de un cigarro que cae cerca de tus ojos y una bota de cuero marrón que se acerca a gran velocidad con tu cabeza como destino. Oscuridad.
¿Cómo ha podido suceder?
Recuerdas viejos tiempos de risas y frases inacabadas que el otro completaba, de miradas que derretían la ciudad, de gotas de sudor cayendo inseguras por su espalda.
Eran días de promesas de eternidad, de círculo cerrado, de perfección completa. Días de principio y fin, de puestas de sol y amaneceres compartidos. Días, en fin, de felicidad incondicional, solos en compañía del otro, completos de la mano del pedazo de alma que nos había sido negado hasta entonces.
Vivir mata, la vida duele.
Ayer te vi huir de mí para volver hoy a darme dulce final.
NO CONTINUARÁ
lunes, julio 11, 2005
Por las noches.
Noches, días, madrugadas, amaneceres...
Todos se me antojan distintos, todos los recibo igual desde la infinita variedad. Matices de la vida, aleatoriedad de pareceres.
Todos diferentes junto a ti, todos iguales, todos uno cerca de tu sonrisa.
Tras la puesta del sol perdura una niebla de luz, una estela a tu paso, huellas en la arena cuando caminabas por la playa.
Otro día igual, otra noche diferente. Unos ojos distintos, la mirada de siempre.
De puerta en puerta me lleva la espuma de la mar azul y verde.
Azul, verde y blanco. Los colores de la mar que me rodea.
Azul, verde y blanco. Los colores de la tierra en la que me ahogo.
Tres colores en tu mirar, tres que me atenazan. Las palabras sólo suenan en mi interior, ya no vuelan para ti y tu sonrisa late en mi cabeza.
Ciego me tienes, que ya no veo más allá de ti. Sonrisas furtivas y pasajeras transfiguradas en ti.
El pasado y tus recuerdos se me aparecen de noche, los veo a los pies de la cama y en el humo de los bares. Tu neblina que todo lo cubre cuando, de noche, salgo a la calle.
Salgo por ver si te veo, brillando con otro nombre, en la oscuridad que me envuelve, por ver si te veo y dejo ya de buscarte, tanto como te veo y ya nunca te encuentro.
Te apareces en otras caras, todas las noches, sonriendo misteriosa. Nunca eres la misma, pero siempre seguirás siendo preciosa.
viernes, julio 08, 2005
El horror de frente.
Cuando ves el horror de frente, cuando la huesuda te mira fijamente con sus cuencas vacías y oscuras.
Cuando haces cuentas de lo vivido, cuando repasas los datos.
Cuando te crees perdido y ya no queda esperanza.
Es ahí dónde verdaderamente uno empieza a vivir, dónde uno valora los pequeños detalles, los matices, los sabores.
Cuando uno comprende que la grandeza es la suma de pequeñas virtudes, de un millón de anécdotas, de un sinfín de sensaciones, de infinitos recuerdos.
A partir de entonces la vida de uno mismo puede que cobre sentido, únicamente por el recuerdo de un amanecer, la visión de una sonrisa, el sonido de su voz, el suave tacto de su cabello entre mis dedos.
Es así, como un pequeño momento de una vida que casi se creía perdida, puede redimirte, puede rescatarte de la muerte y cegar tus ojos al espanto de la vida.
Veo muertos caminando, los oigo cuando me hablan, estrechan mi mano, me sonríen y siento un escalofrío. Bajo la mirada y pienso en mis motivos para vivir. Recuerdo y espero.
jueves, julio 07, 2005
No pienso conformarme.
No quiero falsas esperanzas, no espero menos de ti, no quiero menos que tu.
Una vez más, todo o nada, pero no pienso traicionar la memoria. No cambiaré mis mares de esperanza, por falsos bajíos de ilusión.
Renovador, ventea de Levante y vienen aires amables. Nubes de sonrisas que cambian y evolucionan a medida que se acercan. La brisa fresca que despeja mis ideas.
Incluso ciñendo mi nave a tus aires, seguiré a dónde me quieran llevar. Navegar con peligro, vivir con la intuición.
Acepto tus vendavales, capeándolos resignado y espero nunca verme por tu desprecio desarbolado.
Todos los puertos visitados han quedado para siempre en mi memoria y en mis libros, todos menos una pequeña cala de nombre de mujer, a la que, cada día más, quisiera volver.
Perdidas mis cartas, me guío por las estrellas, cuando la luna ilumina de plata mi estela.
No más de lo que, un día, fue. No menos de lo que, un día, dejé.
miércoles, julio 06, 2005
Espía en tus sueños.
Por un agujerito me gustaría verte.
Volverme invisible y espiarte.
Saber de ti y de lo que haces. Estar contigo cuando estás sola.
Robar quisiera tus secretos de silencios y vacíos en las frases que no me dices, colarme en tus sueños, entrar en tus ojos.
Leer en tu mente y caminar en tu alma, como la pitonisa lo hace en mi palma.
Por un momento sentirme sentado sobre tus sentimientos.
Oírte sin ser visto, ver sin ser sentido, sentir sin ser oído.
Hurtar tus miradas y sisar en tus anhelos, entrar sin permiso saltándome tus miedos.
Dime dónde está el pasadizo, dónde el atajo.
Voy a colarme en tu casa por debajo de tu puerta, te estaré esperando cuando llegues, la mía siempre la tendrás abierta.
martes, julio 05, 2005
No me mires con esos ojos.

No me mires con esos ojos.
No me mires con esos ojos que me desarmas. Me ablandas y desmontas mis defensas, me rindo a ti. Esos ojos me roban las palabras y se enredan en mis frases. Balbuceos a borbotones.
Dame un codazo amigo, no permitas que ese modo de mirar me deje en evidencia. Tráeme de nuevo a este planeta, bájame de las nubes, haz lo que sea para que cierre la boca de una maldita vez y finja una pose de falsa altivez.
No te rías, compañero, esto va en serio. Se me nota desde lejos y acabaré ruborizándome. Interrumpe, pues, esta vergonzosa situación. Échame un cable amigo.
Idiotizado por una mirada, paralizado y tartamudeando. Mis rodillas se me quieren doblar, tengo que decir algo ingenioso para salir de este berenjenal, tengo que ser original. Tengo el estómago del revés y no paro de sonreír, uso sólo verbos en infinitivo y monosílabos varios. Los brazos descolgados a ambos costados y una mueca boba en los labios.
No me mires con esos ojos, no vaya a ser este un estado permanente.
Amigo, como no me ayudes con esta movida, yo me quedaré sin reputación, pero tú, sin comida.






















