No me mires con esos ojos.

No me mires con esos ojos.
No me mires con esos ojos que me desarmas. Me ablandas y desmontas mis defensas, me rindo a ti. Esos ojos me roban las palabras y se enredan en mis frases. Balbuceos a borbotones.
Dame un codazo amigo, no permitas que ese modo de mirar me deje en evidencia. Tráeme de nuevo a este planeta, bájame de las nubes, haz lo que sea para que cierre la boca de una maldita vez y finja una pose de falsa altivez.
No te rías, compañero, esto va en serio. Se me nota desde lejos y acabaré ruborizándome. Interrumpe, pues, esta vergonzosa situación. Échame un cable amigo.
Idiotizado por una mirada, paralizado y tartamudeando. Mis rodillas se me quieren doblar, tengo que decir algo ingenioso para salir de este berenjenal, tengo que ser original. Tengo el estómago del revés y no paro de sonreír, uso sólo verbos en infinitivo y monosílabos varios. Los brazos descolgados a ambos costados y una mueca boba en los labios.
No me mires con esos ojos, no vaya a ser este un estado permanente.
Amigo, como no me ayudes con esta movida, yo me quedaré sin reputación, pero tú, sin comida.










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